La emoción marcó la entrega del Tambor de Oro a La Oreja de Van Gogh, que cantó la Marcha de San Sebastián en versión ‘unplugged’. Sin duda, uno de los momento smás emotivos de esta Tamborrada.
«La Oreja de Van Gogh es un grupo que vende millones de discos y recibe premios en medio mundo, pero nosotros sólo somos Leire, Haritz, Xabi, Pablo y Alvaro». Esa idea, repetida una y otra vez por los componentes del grupo, marcó ayer el emotivo acto de entrega del Tambor de Oro a La Oreja de Van Gogh: los cinco jóvenes donostiarras que coleccionan discos de oro y platino se esforzaron ayer en recordar que sólo son «cinco chavales de Donostia» que intentan seguir siendo «normales» pese a su éxito internacional.
«Nuestra relación tiene más que ver con ir somnolientos por la mañana en el autobús Amara-Sanitaria hacia el local de ensayo que con desfilar por la alfombra roja de los Grammys en una ciudad americana», sentenció el batería Haritz Garde. Normalidad y emoción. Son las dos palabras de una ceremonia vivida con el ya tradicional ‘glamour’ donostiarra del 20 de enero y la emotividad de cinco treintañeros rodeados de amigos y familia.